Para Freya, una mujer invencible:
Su vocesita endulza cada recoveco de la casa, su mirada inocente me deshace y no quiero sino comérmela a besos y susurrarle cuánto me hace feliz su existencia. Tiene mucho de mí y de todos nosotros, hasta el carácter agridulce, nada la pone contenta si su mami desaparece, todos sus besos de niña babeante son de su papá ahora, la observo y me recuerda mucho a Tona cuando peque: desinhibido y curioso. Sus piecitos de tamal hacen que tropiece con facilidad pero su aguerrido ser le impide llorar por cualquier caída, ah, qué feliz se siente la casa con sus cabellos enroscados en la frescura matutina, hasta la música pierde importancia con sus movimientos de gatita rubia. Sí, el frío, ella y mis recuerdos desaparecen cualquier vestigio de nostalgia. Creo que la humanidad sería profundamente infeliz sin el amor que los niños y las niñas hacen germinar en nuestros anhelos.
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